Los parásitos viajan en primera clase

VOZALTA

¿Por qué tienen que pagar las medicinas aquellas personas que han estado cotizando a la Seguridad Social decenas de años, pagando sus impuestos y siendo buenos ciudadanos?
Porque los gobiernos, títeres del más duro capital, no tienen ni un gramo de honestidad para pedir ese dinero a quienes, en múltiples casos y tramas, se han enriquecido con él.
Porque no tienen la valentía de meter en la cárcel y embargar y perseguir hasta el último euro malversado, esté donde esté.
Porque nos engañan una y otra vez despistándonos con primas de riesgo y bonos a 10 años y no son lo suficientemente honrados como para decir la verdad.
Porque pertenecen a la misma clase de usurpadores que se alimentan del trabajo ajeno y se disculpan unos con obsceno encubrimiento.

El primer paso para salir de esta situación, mal llamada crisis por ellos, es salir del adormecimiento en el que está instalada la sociedad.
¿Vamos a esperar a perder por completo nuestros pisos, nuestros logros sociales, la sanidad pública, la enseñanza pública o la justicia gratuita?
¿Dónde está el dinero que he pagado a la Seguridad Social durante 35 años? ¿Dónde mis impuestos? Basta ya de recortes y que nos den el dinero a nosotros.

No se puede consentir que, por ejemplo, Angela Merkel nos hable diciendo que nadie debe de vivir por encima de sus posibilidades.
Pues yo, que no lo he hecho, no tengo por qué pagar los desmanes de gobiernos de derecha e izquierda que han arramplado con millones de euros repartiéndoselos en concesiones a sus amigos. Ellos si que han vivido muy por encima de sus posibilidades y con dinero que no era suyo.
De esta forma tenemos aeropuertos sin aviones, centros culturales, palacios de congresos caros, que se caen o vacíos y trenes que no van a ninguna parte.
Se tapan unos a otros y de vez en cuando, alguno paga, pero muy poco, de forma que, sin devolver ni un céntimo siguen viviendo mucho mejor que aquellos a los que han robado y, además, dando un ejemplo de impunidad. Es una invitación a la sociedad para convertirse en depredador de oportunidades.
Quien más y quien menos ya sabe de qué estamos hablando y no podemos quedarnos parados.
Nuestros hijos, nuestros nietos, incluso los de los poderosos, merecen un mundo mejor.

Nuestra responsabilidad personal es pasar de la crítica en la barra del bar, en la peluquería o en la tertulia de amigos, del enfado a la acción. No iremos a ocupar ninguna plaza, aunque si hace falta se ocupará el Congreso –¿acaso no es nuestro?–, hay que hablar, decirlo en voz alta, bien claro, no dejándose enredar con la Eurocopa o Sálvame deluxe. Basta con empezar a decir lo que pensamos sin miedo. Decir a los jueces que no son impunes. A los abogados, que no son mercaderes de la justicia. A los ejecutivos, que los bonus que cobran están manchados con las miserias de los trabajadores. A los políticos, que se les va a acabar el chollo en muy poco tiempo. A los gobernantes, que no somos rehenes de la confianza que les dimos. A las fuerzas del orden, que están para protegernos a nosotros, no solo a los ricos.

Este mundo está al revés y va a costar darle la vuelta.  Y la responsabilidad de que esta operación sea pacífica la tienen única y exclusivamente los apoltronados en el lujo y la ostentación. Aquellos que dirigen y mandan sin autoridad y que solo a través de la manipulación y del miedo consiguen avanzar hacia sus intereses. Esos parásitos sociales que viven a costa de los trabajadores hasta que su insaciable avaricia, acabe con todo. Mientras viajan en primera clase.


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