La obsoleta sociedad del bienestar

VOZALTA

Obsolescencia programada: dícese de la particularidad de algunos productos manufacturados o de consumo, de estar diseñados para ser útiles un plazo determinado de tiempo, a partir del cual se estropean y es necesario sustituirlos por otro.

Parece que el origen de la idea parte de la competencia que había en fabricar bombillas que no se fundiesen. Obviamente era una empresa ruinosa, ya que una vez vendidas las bombillas necesarias, se acababa el negocio. Se llegó a limitar la duración máxima de las mismas en 1924, en Ginebra, y en secreto, por supuesto.

En boca de todos está aquello de “esto no es como lo de antes” en referencia a la calidad de los productos y a que duraban casi toda la vida. Estaban bien hechos.

  Ahora todo se rompe regularmente: baterías, lavadoras, coches, bombillas, ordenadores. Misteriosamente dejan de funcionar y es más barato comprar uno nuevo (ver vídeo). De no ser así, entraríamos en una crisis industrial enorme. Todo este rollo viene a cuento de que estamos ante el final de un ciclo, de la obsolescencia programada de nuestro estado de bienestar. El sistema no da para más, se ha estropeado, hay que tirarlo y hacer otro.

No estamos hablando de un frigorífico, sino de una sociedad entera. La cuestión es arruinar un país, una sociedad, exprimirla hasta la última gota, desmantelar sus logros sociales hasta dejarlos hechos papilla. Inundar de parados las calles, crear un estado de miedo que lo único que pretende es la intimidación de las clases trabajadoras.

Luego, la destrucción misma.

Mañana, 9 de agosto, se cumplen 67 años del lanzamiento de una bomba atómica sobre Nagasaki. Tres días antes cayó otra en Hiroshima. Unas 220.000 personas murieron en el acto y una nueva era se abría por delante. Japón, aterrorizado, se rindió.

La construcción del estado del bienestar propiciada por la reconstrucción tras la devastación de la II Guerra Mundial, también tiene fecha de caducidad. Hay que empobrecernos a todos para volver a hacernos supuestamente ricos.

Es poner el contador de nuevo a cero. Los poderosos, aquellos que controlan los medios de comunicación, nos hacen ver que todo esto es pasajero, pero en realidad es premeditado, programado. Son ellos los que se encargarán de ofrecernos el nuevo producto, que será mejor, más estable, moderno y apropiado para nosotros (les suena), pero para ellos hay que tirar el viejo.

En este suculento y gigantesco negocio, los ricos se van a enriquecer y blindar más todavía. Tras la tribulación y pobreza, que va a ser mucha, ofrecerán la salvación y quién sabe si surgirá algún mesías salvador que nos ilumine e indique el camino. Las masas, agotadas y con la única perspectiva de estar mejor, se rendirán a los pies de quién les muestre la salida. Ese será el punto de inicio del nuevo ciclo.

O no.

Debemos estar alerta y conscientes de lo que se está cociendo. Es nuestra vida y la de nuestros descendientes la que está en juego, no hablo de morir, sino de vivir en dignidad y en libertad. No deberíamos pensar que tienen la sartén por el mango, porque de nosotros depende que, aunque tengan el mango, no tengan sartén.


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