La purga de RTVE

PEROT

Todas las mañanas me despierto con Radio Nacional de España. La oigo desde que medio abro el ojo, me acompaña a la ducha y comparte café y galletas. Lo llevo haciendo desde hace años, más de una y dos legislaturas y se ha convertido casi en una letanía mañanera.

En los últimos días me ha pasado algo curioso. Es como si el sorteo de Navidad, ese de la musiquita cantada por los chavales, hubiera cambiado tanto que fuera irreconocible. Pues lo mismo con la emisora. Puede que sean las vacaciones y que la nueva voz me despiste un poco, pero no.

Agudizando, que es gerundio, el oído y prestando atención, oigo cosas que antes no oía: “ladrones, sinvergüenzas, a la cárcel, hay que acabar con ellos”. Dios mío, ¿qué está pasando?

Los epítetos vienen a cuenta de los asaltos a los supermercados en Andalucía y están proferidos por oyentes que llaman al programa. La libertad de expresión está garantizada, desde luego, pero curiosamente la mayoría de las llamadas han sido en la línea de la condena y rayando, en muchos casos en el insulto.

Ahora que recuerdo, antes no pasaba esto. No es que no hubiera llamadas así, lo que pasaba es que se moderaban y no se permitía llamar ladrón a nadie o, al menos, se ponía la coletilla de “la justicia dirá” y eso tan políticamente correcto de la presunción de inocencia. Antes también, había más diversidad de opinión, como es natural.

También me ha llamado la atención lo plano del programa, la falta de crítica, la ausencia de tertulianos con mordiente y diversidad política. Se parece a los telediarios de La 1, que también han perdido profundidad y cariz político. La deuda y la crisis se está diluyendo en esa pantalla y no es por los calores del verano.

Y es que la limpia ha llegado a la televisión pública.

Lo ha propiciado la modificación de la ley propuesta por el PSOE, que en 2006 exigía una mayoría de dos tercios en el Congreso para elegir al presidente de RTVE. Tal y como estaba, obligaba al PP a negociar con otros partidos. Ahora, al modificarla de tapadillo entre recorte y recorte, el partido en el Gobierno tiene vía libre para poner de presidente a quién quiera. Ya no hace falta los dos tercios. Aprovechando su mayoría parlamentaria, aprueba la modificación por la que ya no hace falta pactar. Es que es un engorro eso de negociar y ya que se tiene mayoría, pues se aprovecha.

Con Leopoldo González-Echenique al frente, todo es coser y cantar: Juan Ramón Lucas, Fran Llorente, Toni Garrido, Ana Pastor, Xabier Fortes o Pepa Bueno son incómodos, son críticos, molestan y se les echa. Punto. Hasta el The Guardian o Liberation comentan el caso.

Es una pena. Lo haga quién lo haga, derecha o izquierda. El empobrecimiento intelectual está en el plan del Gobierno y el buen periodismo jode, porque suele ser crítico y molesto.

Es un ejemplo más de cómo con el dinero de los españolitos se controla algo que es de todos, no de un gobierno. Esa costumbre cortijera no se les quita de la cabeza.


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