El día en que el lapo te lo devuelva el viento
VOZALTA
Un par de chonis escupen a un anciano en Santa Elena (Jaén). Son 18 segundos de vídeo (suprimido de youtube). Suficientes para recrear toda la sinrazón de una parte de los jóvenes y otros no tan jóvenes que, llenos de incultura, solo quieren divertirse, entre calada y calada de Fortuna, aunque sea a costa de los mayores. Se ha perdido el respeto, porque nadie se ha encargado de enseñárselo y porque cuando se falta a él, las risitas salen gratis. Nada, pues, les importa, es más, les mola y parece que bastante.
Mirando otra vez el vídeo, hasta hay una que hace indicaciones con el dedo diciendo: “y eso que se los lleva el aire, tío. Ju ju jua”. Por igual tiene razones para el desprecio. Igual el anciano, tras su condición de debilidad, esconda un carácter abyecto y desagradable. Vaya usted a saber. Nada más se puede desprender del vídeo que lo que en él se ve. Puede que hasta tengan razón unos y otros, pero se me hace difícil entender tanto desprecio y mofa juntos, porque las jóvenes en cuestión se están descojonando vivas de la risa. Se ríen porque se sienten superiores, jóvenes, impunes y en su actitud, se ríen de todo el mundo en su enorme ignorancia. Es, básicamente, una cuestión de cultura y educación.
Estas dos señoritas tienen la suerte de vivir en un estado garantista, que está muy bien pero también tiene lo suyo. Tienen la suerte de que la mayoría de la gente no obra como ellas, y de eso se aprovechan. Como poco, les caerá alguna charla o ni eso. A lo mejor hay algún juez que las llama a capítulo, pero ¿qué más? ¿Tal vez 20 euros de multa?
La mejor enseñanza que pueden tener estas criaturas es el espejo del abuelo mismo. Ellas se volverán mayores, sus carnes abdicarán a la fuerza de la gravedad y la risa burlona se borrará de sus labios arrugados. Entonces querrán respeto, exigirán dignidad. En definitiva, el abuelo de garrota y gorrilla no es más que ellas mismas en menos tiempo del que se esperan. “La vida es un paseo”, dice mi nonagenaria madre, cargada con la razón de quién está llegando al final del mismo.
Mientras, en ese paseo vital, la gente insulsa, mediocre, grotesca, maleducada, inculta, tanto que no podría ni entender estas palabras ni lo que con ellas se dice, se llevan por delante las dignidades y respetos que todos merecemos, hasta ellas mismas. Aquí es donde nos topamos con las garantías personales y de derecho, que están muy bien, pero mal repartidas.
En definitiva, todo depende del juego de la justicia el que las chavalas se lleven un rapapolvo u otra cosa o que el abuelo entre en prisión incondicional sin fianza, que todo puede ser, por amenazas con el bastón. Lo más probable es que cuando salga la vista, si es que hay alguna, el abuelo esté criando malvas y las de los escupitajos, envalentonadas tras meses y meses de prácticas de tiro olímpico, modalidad de lapo, con subidas al youtube de sus hazañas y marcas.
Mientras tanto, el estado garantista se encargará de proteger convenientemente a las escupidoras, no sea que no tengan, allá por 2019, un juicio justo. Faltaría más.









A la hoguera