El lento y eficaz borrado de la memoria

GUSTAVO HERMOSO

Foto: Shorpy Historical Photo Archive.

Dos jóvenes soldados unionistas (1860). Placa coloreada. Librería del Congreso de los Estados Unidos de América.

Ya lo hicieron antes. Quemaban libros, bibliotecas enteras, todo lo que supusiera una referencia escrita, material de consulta o documento histórico, acumulación de conocimiento, transmisión del saber, información. Pero, para desesperación de los interesados en deshacer toda prueba de sus actos, se seguían imprimiendo libros, folletos y periódicos.

Es imposible quemar una y otra vez los registros de la realidad. Además, siempre queda por ahí alguno y hay que borrar todas las pruebas.

Por tanto, se dijeron los poderosos, los poderosos de verdad: hagamos de tal forma que no se escriba más y lo que se haga, sea en un soporte nuestro, que controlemos, pero hagámoslo sin levantar sospechas. Y crearon el archivo digital.

Si usted ha perdido alguna vez el móvil, una cámara de fotos o un pendrive, sabe de lo que estoy hablando. En un momento aquello que estaba dentro es como si nunca hubiera existido.

Piense en las fotos. Quién recuerde la fotografía analógica, recordará también que antes de la copia estaba el negativo. Siempre podrías repetir la copia o, incluso, mirar el acetato al trasluz y ver las imágenes. Se guardaban en una cajita o un sobre y, salvo un incendio o inundación, nada salvo el deterioro del tiempo podría estropearlas. Si la foto del abuelo se perdía o estropeaba, nada quedaba de su imagen, salvo el recuerdo. Nadie, salvo los que le conocieron, podrá recordar su perfil, su porte o su mirada.

No es melancolía o romanticismo. Es la realidad.

Las ventajas que aportan los soportes digitales se ven esfumadas cuando reflexionamos sobre la dependencia de la tecnología. Los originales, como tal, ya no existen. Son intangibles. Pensamos que siempre podremos ver esas fotos en el ordenador o bajarlas del nuevo invento, la nube, que ya no está en un sitio concreto, sino atomizada en el espacio digital. Inquietante.

Los periódicos impresos tienen los días contados. Es más, los archivos de los mismos en papel ya no existen. Para qué, si 30 años de noticias caben en un disco duro del tamaño de una lenteja. Si no son legibles o se borran, no existen, no se pueden consultar.

Ahora imagínese usted un apagón digital. ¿Le parece imposible? Compruebe su estantería y quizá encuentre más de un disco inservible porque ya no lo puede leer. Quizá esté escrito en un sistema operativo obsoleto o quizá ya no tenga en su casa ni lector de cedés. Quizá en ese disco residía algo importante o quizá algo sentimental, como las fotos de sus hijos pequeños o la de unos padres que ya no existen. Todo perdido.

Imagínese que los egipcios hubieran hecho sus inscripciones en este tipo de soporte; su cultura sería un enigma. Nosotros somos los egipcios del futuro.

Pensará que soy de esos de la teoría de la conspiración, de los que piensan que hay un gobierno mundial en la sombra, de los que creen en los iluminati. No, simplemente he hecho balance de mi historia registral y desde 10 años a esta parte, la mayoría reside en un móvil, un par de cuentas de correo, media docena de discos duros y la inefable nube. Nada que pueda controlar.

Imprima sus fotos. Imprima aquellos correos electrónicos de amor o desengaño, aquellos que mandó a esa persona y que fueron importantes. Anote las cosas en una agendita de esas de anillas, guarde en papel todo aquello que le parezca relevante, porque en un abrir y cerrar de ojos puede desaparecer y con ello, las pruebas, las evidencias, la historia. Porque recuerde, la historia es el estudio o memoria de hechos pasados en base a fuentes escritas, gráficas o materiales.

Si algún día el apagón digital se produce, se perderá la memoria de generaciones enteras, de años de avances, luchas o tropelías y de cómo la sociedad fue cambiando hacia un modelo de memoria fácilmente eliminable. Es la desaparición de las pruebas.

Luego nada se podrá demostrar, porque escribimos sobre un papel que no es nuestro ni está en nuestro poder. Es más, si lo piensa bien, ni existe.

Saque sus propias conclusiones y piense en ese disco de la estantería donde estaban aquellas fotos y que ya es ilegible.

 

 


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