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OPINIÓN

Texto e ilustración: GUSTAVO HERMOSO

Por si no lo sabía, usted es un paracaidista. Sí, casi no se acuerda, hace mucho que le soltaron en este mundo sin instrucciones, sin mapa ni nada. Se encontró en un lugar extraño, desorientado y sin saber qué hacer.

Tuvo ayuda. Sus padres seguramente le alimentaron y cuidaron, posiblemente le dieran su amor y cariño. Le transmitieron su experiencia. O tal vez no. Puede que usted no tuviera una buena infancia y careciera de alguna de estas cosas o de todas.

Sea como fuere, salió adelante. Aquí está la muestra; ¿Acaso no está usted leyendo estas líneas? Eso significa mucho, mucho más de lo que imagina. ¿O quizá no?

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GUSTAVO HERMOSO

Foto: Shorpy Historical Photo Archive.

Dos jóvenes soldados unionistas (1860). Placa coloreada. Librería del Congreso de los Estados Unidos de América.

Ya lo hicieron antes. Quemaban libros, bibliotecas enteras, todo lo que supusiera una referencia escrita, material de consulta o documento histórico, acumulación de conocimiento, transmisión del saber, información. Pero, para desesperación de los interesados en deshacer toda prueba de sus actos, se seguían imprimiendo libros, folletos y periódicos.

Es imposible quemar una y otra vez los registros de la realidad. Además, siempre queda por ahí alguno y hay que borrar todas las pruebas.

Por tanto, se dijeron los poderosos, los poderosos de verdad: hagamos de tal forma que no se escriba más y lo que se haga, sea en un soporte nuestro, que controlemos, pero hagámoslo sin levantar sospechas. Y crearon el archivo digital.

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GUSTAVO HERMOSO

Foto J.J. Guillén (EFE)

Está de vez en cuando bien consultar el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la RAE para los amigos. Está bien porque con tanto juego de palabras y tanto enredo, se puede perder el significado de las cosas. En definitiva no es más que una serie de eufemismos o palabras con múltiples sentidos que se lanzan para distraer, confundir o, simplemente, ocultar las cosas.

Veamos qué dice la RAE para diferido, palabra de moda donde las haya, que puede confundirse con diferir: dicho de un programa de radio o televisión, que se emite con posterioridad a su grabación.

Pero cuando se utiliza diferir (aplazar la ejecución de un acto) y se conjuga tan gracioso verbo, puede significar otra cosa o la contraria, como le gusta decir a nuestro presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Desde luego le han tomado gusto a la palabreja en el PP y la sociedad, tan dada a los chascarrillos, juega con ella como hacen los chiquillos con cualquier cosa que se encuentran. Debe de ser que como el jefe es gallego, le ríen las gracias diferidas en esa ambigüedad tan propia de esas tierras.

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GUSTAVO HERMOSO

Juan Carlos I está maltrecho. No es para menos tras una vida de rey. A sus 75 años, edad no demasiado avanzada para lo que se gasta últimamente, está bastante cascado. Sobre todo en el tema de las articulaciones. Parece ser que los Borbones arrastran una propensión a la artrosis de forma genética. Mala cosa esa de los huesos. Ahora le toca a la columna, que ha dicho basta. Le van a meter en bancada mientras otros se tienen que conformar con paracetamol.

Mirando con detenimiento las pasadas por el taller, como las llama el monarca, se puede apreciar que la mitad de ellas, sobre todo desde que ascendió al trono en 1977, tienen relación con la buena vida, es decir, con una vida de reyes.

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GUSTAVO HERMOSO

Foto Shorpy Historical Photo Archive.

Barrendero en la calle Washington, Nueva York, marzo de 1943.

Me atraen poderosamente las fotos antiguas. Esas fotos envejecidas, desvaídas que atraparon esos momentos de felicidad o insulsamente cotidianos. Es alquimia en estado puro, la esencia de la vida atrapada entre la emulsión y el objetivo. Es la sonrisa eterna, la mirada fija, la emoción detenida como un reloj que solo marca una hora.

No lo puedo evitar. Cuando contemplo esas imágenes viejas, en las que la vida se detuvo en un quinceavo de segundo, comienzo a calcular mentalmente cuántas de las personas que aparecen estarán vivas. A veces no hay duda, todas son un montón de huesos. En otras, por la cercanía de la instantánea, la suerte está repartida, pero en cualquier caso ya nada es igual. Los rostros, la ropa, los paisajes se han decolorado por el efecto de la química, que obstinadamente nos recuerda que el tiempo solo transcurre en un sentido.

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GUSTAVO HERMOSO

Foto LIFE

Resulta que el águila imperial que coronaba la cancillería nazi estaba hueca. Ese ave poderosa posada sobre la esvástica cumplía su misión como emblema en lo más alto del edificio. En sus peores días, antes de ser desguazada o fundida, entre los cascotes de los bombardeos, siguió cumpliendo esa misión, mostrar la realidad.

No es menos cierta una que otra. El brillo y el poder en lo alto del Reichstag era tan real como se mostraba. Sus atributos de metal estaban sostenidos por un pueblo que en algún momento creyó en ellos. Abatida desde lo alto, muestra su otra faz: la oquedad de su interior y la insustancialidad de un sistema. Todo un símbolo, incluso derribada.

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GUSTAVO HERMOSO

El último refugio mide 15 metros cuadrados. Es lo suficientemente amplio para una cama, una mesilla y un gran ventanal que ocupa toda una pared. En un corto pasillo hay un baño y un armario que guarda la poca ropa necesaria. Fuera de ese lugar no hay más que pasillos y salas comunes con iluminación de neón. Un comedor y ascensores que llevan al exterior.

En esos 15 metros se concentran los despojos de una vida que ya no es tal, salvo por el incansable latir de un corazón que bombea la sangre cada vez con más dificultad. Algunas fotos de familiares y poco más. Es el final de una andadura larga que se acaba. En la puerta, un número; por ejemplo, 114.

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GUSTAVO HERMOSO

Me cuenta un buen amigo, lector asiduo de esta página, que está un poco cansado de leer críticas y artículos de opinión sobre lo que viene siendo el monotema de este país, la crisis, la corrupción, el descrédito. Y tiene razón.

Me propone pasar a la acción a través de un sitio web donde se planteen soluciones efectivas para dar la espalda a aquellos que nos esquilman, torean y toman el pelo. Es más, plantea acciones que se podrían catalogar como de radicales, pero efectivas en el día a día. Los descomunales peajes energéticos que tenemos que pagar son un ejemplo y cómo pagar menos, no pagar o buscar fuentes alternativas de energía, en lo que se viene llamando conocimiento suprimido, son algunas de ellas.

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