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Igualdad

Texto e ilustración: GUSTAVO HERMOSO

Por si no lo sabía, usted es un paracaidista. Sí, casi no se acuerda, hace mucho que le soltaron en este mundo sin instrucciones, sin mapa ni nada. Se encontró en un lugar extraño, desorientado y sin saber qué hacer.

Tuvo ayuda. Sus padres seguramente le alimentaron y cuidaron, posiblemente le dieran su amor y cariño. Le transmitieron su experiencia. O tal vez no. Puede que usted no tuviera una buena infancia y careciera de alguna de estas cosas o de todas.

Sea como fuere, salió adelante. Aquí está la muestra; ¿Acaso no está usted leyendo estas líneas? Eso significa mucho, mucho más de lo que imagina. ¿O quizá no?

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GUSTAVO HERMOSO

El último refugio mide 15 metros cuadrados. Es lo suficientemente amplio para una cama, una mesilla y un gran ventanal que ocupa toda una pared. En un corto pasillo hay un baño y un armario que guarda la poca ropa necesaria. Fuera de ese lugar no hay más que pasillos y salas comunes con iluminación de neón. Un comedor y ascensores que llevan al exterior.

En esos 15 metros se concentran los despojos de una vida que ya no es tal, salvo por el incansable latir de un corazón que bombea la sangre cada vez con más dificultad. Algunas fotos de familiares y poco más. Es el final de una andadura larga que se acaba. En la puerta, un número; por ejemplo, 114.

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GUSTAVO HERMOSO

Tirado en una esquina, sobre algo que en su día fue un colchón, Andrés tirita. Apenas puede coordinar los movimientos y come un poco de pan que, de tan duro, se desmigaja y queda atrapado en su barba. Está sucio, lleno de orín y huele mal, algo a lo que ya estará acostumbrado. Las ronchas de suciedad asoman por sus tobillos descalzos y las uñas se salen de unas zapatillas rotas y sin cordones. No puede ni arroparse con lo poco que tiene.

Andrés existe. Es uno de los cientos de mendigos de Madrid a los que la gran ciudad y la sociedad del bienestar nada les dice ya. Vive o malvive apegado a un cartón de vino y a cuatro cosas que lleva en una bolsa.

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PEROT

Egipto y el Islam se nos antojan lejos. Mucho más cuando estamos inmersos en una crisis terrible que nos infiere en las propias carnes. Está lejos para los parados, que desvelan sus sueños con las cuotas de la hipoteca cuando no con la cesta de la compra para su familia. Esta lejos de la mayoría de los occidentales por razones culturales y porque no alcanzamos a comprender el grado de miseria y de marginación que existe a pocas horas de avión de Madrid.

Eso me lleva a pensar en las grandes fortunas amasadas a base de especulación y artimañas de alfombra y despacho, que nunca serán suficientes para alimentar los egos de algunos de los empresarios de esta parte del mundo y, también, de otras partes igualmente lejanas. Dineros y posesiones que trascenderán su propia muerte y van mucho más allá de lo necesario para subsistir. Eso no es vivir por encima de las posibilidades, sino vivir por encima de lo imaginable.

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VOZALTA

Según Nature, la hemos jodido. Hemos transformado el planeta más allá de lo que este es capaz de soportar y como consecuencia, se adaptará a través de un cambio que no sabemos aún cómo será, pero la cosa huele fatal. Lo dicen unos señores que saben mucho de esto y tienen toda la credibilidad del mundo. Ha pasado otras veces en la historia y ahora todo indica que va a ser igual.

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GUSTAVO HERMOSO

Fotograma de Metrópolis (1927), de Fritz Lang.

Leo que El Mundo va a despedir vía ERE a 113 profesionales de las redacciones de Madrid y provincias. La prensa, el periodismo en general, es uno de los sectores más afectados por la crisis. También es uno de los que más se habla, porque son los periodistas los que tienen que escribir su propio obituario profesional y, últimamente, la lista crece sin parar.

Aunque el peso mediático de ese colectivo le haga resonar más de la cuenta, hay miles, decenas de miles, una cantidad incalculable de profesionales con experiencia, con formación, con oficio, que están siendo despeñados sistemáticamente al vertedero del abandono. La pérdida de todo ese conocimiento, de toda esa experiencia, no hace sino empobrecer el conjunto de la sociedad. El engaño es hacer creer que los despidos y la pérdida de este capital humano y puestos de trabajo es la consecuencia de la crisis. No, es el objetivo. En el relevo se pretende sustituir las plantillas de las empresas por trabajadores más baratos, abortando la posibilidad de transferir esos conocimientos. Ya está.

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PEROT

Dice la Constitución que todos los españoles somos iguales ante la Ley y no puede prevalecer discriminación por nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Los ricos, los españoles, también están amparados por la Carta Magna.
Los derechos son inalienables y una medida de mayor pago para las rentas más altas es inconstitucional. Máxime cuando hay una política fiscal de progresividad en los impuestos. Además, quien tenga una renta alta seguramente se paga su sanidad privada y no pisa un ambulatorio.
Entonces, ¿qué pretende el Gobierno de Rajoy con ese, hasta el momento, globo sonda?. Yo lo llamo “marcar paquete”. Posiblemente prepara el terreno para ajustes aún más duros que afectarán a quien de verdad sufre en sus espaldas la crisis: las clases medias y los asalariados.
Es lo que tiene la mayoría absoluta parlamentaria; la capacidad de legislar sin oposición, libremente, como si esto fuera propiedad solo de unos pocos.
Y todo esto envuelto en un juego de palabras al que nos tiene acostumbrada la clase política, que poco a poco parece que son las reales cuando no lo son. Eufemismos maliciosos que se deslizan sin querer y que, como dijo Goebbles, de tanto repetir lo que no es verdad, acaba siéndolo. Uno de ellos es el copago.
Vender la burra dos veces.
Ya estamos pagando la Sanidad. No es gratuita, la pagamos los españoles (al menos los que no defraudan a Hacienda y que además les amnistían). Y también, las infraestructuras y la educación, así como la justicia y, también, la ayuda extraordinaria a los bancos (esos que nos desahucian) y la Deuda Pública.

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GUSTAVO HERMOSO

He leído unas declaraciones de Pablo Carbonell sobre los portavoces del Movimiento 15-M. Viene a decir que son poco representativos.
Me ha hecho reflexionar en estos momentos en los que parece que lo más acuciante es recuperar la calle y la Puerta del Sol.
Lo importante es el mensaje, y cuanto más claro sea este, más probabilidades hay de que otras personas sintonicen y se sumen al mismo. No es suficiente, aunque necesario, tener la razón, aunque esta nunca se tiene por completo. La credibilidad tiene que ver con la claridad y la coherencia en el discurso y, aunque sean mayoritariamente jóvenes los que encabezan el Movimiento, echo en falta, como Carbonell, a personas representativas de la inmensa mayoría de los indignados, que somos los ciudadanos de una y otra edad a los que están friendo y chupando la sangre. Personas en paro o en precario, con embargos y deudas, o sin ellas, pero que comparten el hastío de la clase política y de sus dueños: el capital.
Hay muchos banderines de enganche a la causa de lo que se ha venido llamando 15-M. La fuerza, el ímpetu, la frescura de la juventud debe integrar la experiencia y el saber de quien no lo es tanto. Son miles los jóvenes que salen a la calle y gracias a ellos esto a arrancado, pero son muchos miles más, de otras edades, que están cociéndose en el mismo caldo.
Llevar el mensaje y las consignas del cambio de sociedad es imprescindible. La acampada de Sol fue un medio, el primero, pero ahora hay que darle otra vuelta de tuerca. Hay que movilizar al resto de la sociedad y no basta con la simpatía que despiertan las acampadas ni con twitter.
Las redes sociales, tan difundidas y utilizadas por una parte de la sociedad, sobre todo jóvenes, no son tan eficaces en otros grupos de población imprescindibles para alcanzar la masa crítica de ciudadanía que precipite el cambio.
Twitter y Facebook son un medio, pero no los únicos. De ahí la importancia de que los representantes del movimiento incluyan otros vehículos de acercamiento a las masas. La imagen del 15-M, convertida en un símbolo, quizá sea un obstáculo para que esa masa, que he mencionado antes, pese lo suficiente.
Internet no lo es todo. Tampoco las dificultades de los jóvenes. No lo son, tampoco, los problemas de los desahuciados. Tampoco la falta de representatividad parlamentaria.
Son tantos los aspectos que tienen que cambiar que no se pueden ni enumerar y muchos de ellos no están representados. Por eso hay que sumarlos y no es tarea fácil. La edad aporta experiencia, pero en muchos casos, pereza y desánimo.
Por eso creo que ahora la prioridad es comunicar con representantes representativos. Emplear las herramientas de comunicación sin remordimientos, porque no se van a utilizar para engañar, sino para llamar.
El objetivo, nada fácil, es extender la protesta a los más amplios sectores de la población y esta debe verse representada en el mensaje y en las formas. No hay otra.

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